La Floresta

 

EL POBRE DIABLO: APORTE A LA DINÁMICA CULTURAL DE LA CIUDAD

En el año de 1990, se creó El Pobre Diablo como una propuesta de bar-café  manteniendo las tradiciones y costumbres de los cafés y cantinas quiteñas. Ubicado en el entonces tradicional barrio de La Mariscal, El Pobre Diablo empezó a funcionar con la intención de ser un espacio alternativo para el arte y la cultura, ofertando a los artistas y al público un lugar para la música, la danza, el cine y la exposición de obras plásticas y fotográficas. En los diez primeros años que se mantuvo en ese local, se produjeron destacados eventos como: Estas tres fotos son para ti, 1992; Plátano maduro no mueve a verde, fotografía contemporánea, 1995; Desnudos: entre Marx y una mujer (multidisciplinario, 1996); Movimientos en Vivo, (performance, multidisciplinario, 1998); Mi poder en la reproducción, performance de Alexis Moreano, 1997; A Dios rogando y con mi retrato dando, 1998; Tiro al Banco y Bancos Individuales (performances y manifestaciones críticas  a propósito de la crisis bancaria, 1999); entre otros. Paralelamente se gestó una cultura cotidiana de conciertos de música contemporánea con énfasis en jazz y música de nuevos compositores ecuatorianos que hasta esa fecha no existía en la ciudad, destacándose entre los concertistas músicos de la talla de Alex Alvear, Nelson García, Héctor Napolitano, Jaime Guevara, Margarita Laso, Papá Roncón, Hugo Idrovo, Los Chigualeros; y extranjeros como Materia, Coqui Villamizar, Vanito Caballero.

En el año 2000 El Pobre Diablo “migra” a su nuevo local en La Floresta, en una antigua fábrica de café, conservando al máximo su arquitectura y estética. Este nuevo espacio permitió la creación de áreas específicas para los eventos musicales y las exhibiciones de arte; una nueva etapa en la cual El Pobre Diablo se consolidó como uno de los entes más importantes de la  producción y gestión cultural en el medio ecuatoriano. Esta consolidación se da básicamente por la oferta de nuevas propuestas, medios y metodologías de trabajo artístico que no tenían respaldo ni cabida en otros espacios culturales de finales de los años 90. Todas estas manifestaciones experimentales y llenas de contenidos críticos, como el famoso evento Hasta la Vista Baby, una muestra multidisciplinaría con motivo de la muerte del Sucre y la llegada de la nueva moneda, (2000); Primera y Segunda vuelta,  una vuelta a la política desde el arte, (2006-2007).

La crisis que vivió el país en el año 1999, tuvo un especial efecto en los espacios privados culturales, especialmente las galerías de arte, de las que casi ninguna quedó en pie. En este escenario, El Pobre Diablo se mantuvo dando muestras de su compromiso con las artes y la cultura a pesar de la falta de recursos económicos. En este marco, en el año 2001 se inauguró El Conteiner, única sala de exhibición de arte contemporáneo de gestión privada en el momento de su creación y una de las pocas que existe en la actualidad. Aquí se han presentado muestras de alrededor de 120 artistas plásticos, fotógrafos, comunicadores visuales y artistas contemporáneos, entre los más destacados Marcelo Aguirre, Pablo Cardoso, Tomás Ochoa, Ana Fernández, Jorge Anhalzer, Iván Garcés, Pablo Barriga, Wilson Pacha, Manuela Ribaneira, entre muchos otros. Paralelamente, en El Conteiner, se han llevado a cabo una serie de talleres de expresión visual y fotográfica, con exponentes de talla internacional, como son: Julio Mitchel, Miguel Rodríguez Sepúlveda, Fernando Espinosa, Michal Batory, Esteban Pastorino, Laura González, Lucía Chiriboga, Antonio Caro, José Antonio Navarrete entre otros.

Continuando con la nueva tradición musical generada en los 90s, para el 2002 surgió, en asociación con el músico Nelson García y la naciente academia musical ecuatoriana contemporánea, el proyecto Fábrica Jazz que marcó un hito en la promoción de la música fusión y de vanguardia en la ciudad y cuyo resultado quedó plasmado en los CDs Fábrica Jazz I y II y Fábrica Jazz vocal, entre otros. De esta iniciativa nació el primer festival de jazz ecuatoriano  que hasta  hoy continúa realizando la Fundación Teatro Nacional Sucre. Es clave destacar que este espacio dio la oportunidad a muchos jóvenes principiantes de alternar con exponentes de trayectoria nacional y de calibre internacional. Esta dinámica didáctica convirtió a El Pobre Diablo en una especie de incubadora de la nueva música contemporánea ecuatoriana que se ha mantenido vigente hasta el presente.

 

Es importante destacar que, desde los comienzos del bar-café en 1990 hasta la fecha, la promoción de conciertos y eventos han sido el espacio más fructífero para manifestación de diseño gráfico en nuestro medio, creando su propio e inconfundible estilo. Por los 15 años del El Pobre Diablo se editó un libro con lo mejor de esta manifestación y fue incluido en la historia del diseño latino americano en el libro de Taschen Latín American Graphic Design, 2008.

Esto ha sido una ardua labor de los miembros del El Pobre Diablo bajo la dirección de José Avilés, quien a sido curador, director artístico, diseñador y fotógrafo para la los eventos realizados a lo largo de estos 26 años.

 

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